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Y se abrió el claustro

La apertura del Museo de Arte Colonial San Francisco –ubicado en la principal arteria del país- puede considerarse un fruto del Concilio Vaticano II, que instó a los religiosos –entre mucho otro- a entrar más en contacto y diálogo con la sociedad civil, derribando muros, lo que en este caso fue literal.

El convento y la iglesia fueron levantados entre los años 1657 y 1720, resistiendo decenas de terremotos y siendo telón de fondo de la evolución social y física de la capital del país en su principal arteria. El edificio arquitectónico fue declarado Monumento Nacional el año 1951.

Objetos litúrgicos, pinturas y esculturas creadas para la catequesis y la evangelización en el período de la Colonia se fueron acumulando al interior de los muros del convento franciscano más antiguo de Chile. Con el paso del tiempo, se convirtieron en valiosas piezas de arte e historia que dieron pie al Museo de Arte Colonial San Francisco.

“Estábamos conscientes de que el patrimonio que albergaba el convento y la iglesia de San Francisco formaba parte de la historia y de la cultura de nuestro pueblo, que también tenía el derecho de disfrutar de él, como patrimonio nacional”, recuerda el provincial de la época Fr. Francisco Javier Mac-Mahon.

Los frailes decidieron entonces destinar el primer piso del convento para la habilitación de un museo. La inauguración fue en la Fiesta de San Francisco, 4 de octubre, del año 1969. A casi 50 años de esa fecha, el Museo sigue buscando… ecología, fe, arte, patrimonio, espacio cultural y ciudadano.